Monday, 19 December 2016

¿Qué es la Filosofía? Breve historia

La Filosofía es la reflexión que el ser humano hace acerca de todo lo que existe, e incluso de lo que no existe (como la nada) o de lo que podría existir.

Alegoría de la Filosofía, según Dante.


Cuando esta reflexión es sobre cosas físicas de las que pueden realizarse conclusiones totalmente ciertas, se llama ciencia. Dentro de estas se incluyen las ciencias sociológicas, como la Historia, de las que si bien uno no puede concluir certezas totales, tiene en sus eventos una no pequeña regularidad. Uno puede suponer qué pasará en el futuro dadas ciertas condiciones. No son totalmente ciertas porque el objeto de estudio es el hombre, que es libre.

Alegoría de la Historia, por Anton Mengs.
Los primeros que, en Occidente, se dedicaron a filosofar -a reflexionar sobre la realidad y su origen-, fueron algunos habitantes de Grecia. Sin embargo, en Oriente, a su modo, los sabios filosofaron de otra forma. En Occidente el hombre trató de definir las esencias de las cosas. En oriente, en cambio, se hablaba de las cosas -como de los misterio- en forma de comparaciones o parábolas, en cuanto que la naturaleza es reflejo de las realidades espirituales.

Algunos ejemplos de la forma en la que buscaban la sabiduría en Oriente la encontramos en los Evangelios: cuando Jesús habla del Reino de los Cielos, no dice qué es, sino como qué es. Cuando los apóstoles le preguntan sobre la oración, no le preguntan "qué es la oración", sino "cómo debemos orar". Es una sabiduría más práctica.

No obstante, la razón no es desechada en el cristianismo, a excepción de algunas denominaciones cristianas. San Juan Pablo II decía que la razón y la fe son las dos alas del espíritu para elevarse a Dios. Posteriormente habrá ideologías que, o bien sólo aceptaran la fe, o sólo la razón, e incluso, en el siglo pasado, ideologías que no aceptarán ninguna de las dos -ni la fe, ni la razón-.

Algunos de los Filósofos más importantes de Grecia fueron Sócrates, Platón y Aristóteles. Sobre estos autores se basará la llamada escolástica cristiana de la llamada Edad Media. Aunque su conocimiento no se daría sino hasta esa Edad, con algunas traducciones venidas de África, con el árabe Alfarabi, el cordobés Aberroes y del persa Avicena.

Santo Tomás de Aquino será un gran intelectual. Es como el representante de la escolástica. No obstante, el desordenado intelectualismo de algunos creará en algunos países, como Alemania, cierta tendencia contraria, es decir, un espiritualismo, que algunas veces devendrá en un espiritualismo exacerbado que, más que la razón subraye la fe.

Esto, más el renacimiento, hará surgir en aquel reino el Luteranismo, que sólo se quedará con la Biblia -con la fe- pero rechazará la razón. Quienes se queden con la razón serán los iluministas.

Con el tiempo, la razón dirá que la fe no va contra la razón. Así que los enemigos de la fe presentarán una ideología que rechace tanto la fe como la razón. En otras palabra, todo lo católico. Esto se hará, en Alemania, con la Escuela de Frankfurt y el marxismo cultural. No obstante, vastas regiones de Ásia y África aún han permanecido inmunes a esta nueva ideología.

Diferencias naturales entre el varón y la mujer

Mediante la sola naturaleza podemos observar que hay diferencias y complementariedades, no sólo físicas sino también psicológicas y espirituales.

Aparte de las diferencias obvias, fisiológicas, entre el varón y la mujer, que siquiera niegan los promotores de la ideología de género, podemos señalar estas otras, algunas de las cuales son más bien consecuencias de dichas particularidades.

La mujer está adaptada para llevar dentro suyo, durante nueve meses, un nuevo ser humano, que escuchará durante todo ese tiempo, como primer música, el palpitar de su corazón. Pero no sólo su vientre está preparado para llevar al niño nueve meses, sino que sus pechos, a diferencia del varón, están preparados para que ese bebé succione la leche materna.

La mujer tiene algo que el varón nunca tendrá ni podrá tener por naturaleza, por más que lo desee y proteste. Por más operaciones y cirugías estéticas que se haga. No podrá nunca concebir un bebé ni amamantarlo.

Las caderas y los hombros también son diferentes -complementarios- en el varón y en la mujer. Así como las manos: las manos de la mujer son más pequeñas.

Son características estas que no pueden negarse. Y que repercuten en la forma de ser de uno y de otro.

La forma de ser de la mujer será diferente del varón. El trato que una mujer tendrá naturalmente con un bebé, con un niño, será diferente al de un varón. La sola imagen de un bebé le traerá recuerdos que sólo ella vivió cuando estuvo embarazada, o sensaciones que el varón nunca tendrá, porque éste nunca podrá quedar embarazado. La relación única de una mujer -sana- con un niño será de amor, de delicadeza. Y así será ella. Sólo la mujer sabe lo que es sacrificarse, entregarse, por una nueva vida.

Al varón le queda mostrar autoridad. El varón tendrá que enseñar al niño y a la niña lo que es el respeto, ya que su relación con ese niño será diferente. No mala, sino diferente. El niño aprenderá de la mamá el sacrificio, y del papá la autoridad, el respeto. Si bien hay excepciones, claro, la mamá nunca retará a su propio hijo como lo corregirá su papá, que no lo llevó en su vientre durante nueve meses ni le dio de mamar. El niño aprenderá del amor del papá, la obediencia. De la mamá, el sacrificio y la dulzura.

De uno y otro, también, la justicia y la misericordia, aunque cada uno a su modo.

Pero incluso de lo fisiológico se pueden sacar conclusiones. En el acto conyugal -me refiero a la relación sexual, que es propio de los cónyuges- es el varón el que debe, por un lado, estar estimulado, y por el otro, una vez estimulado, llevar adelante la acción. La llegada al placer en ese acto será diferente en el varón que en la mujer. Como el varón debe estar estimulado, la mujer deberá cuidar su presencia, tanto física como espiritual.

Hay otras cuestiones que son "accidentales", no esenciales. Que la mujer tenga el pelo largo o no, eso depende de las culturas y de los tiempos. Pero no la forma de vestirse, tanto de una como de otra parte, que tiene que ver con la virtud del pudor.

Que la mujer deba estar más en la casa -y con los hijos- es algo más propio de su naturaleza, aunque de suyo también sea capaz de salir a trabajar. Pero cocinar, lavar, limpiar, no son para nada cosas menores, ya que sin ello no hay familia que se mantenga bien. Detrás de toda buena familia hay una gran mujer.

Respecto a los que ridiculizan a la mujer diciéndole que por ser tal debe estar en la cocina, como si ello fuera algo oprobioso, les daría castigo público por su insensatez, y para que los demás aprendan.

Wednesday, 14 December 2016

La Escuela de Frankfurt y el Marxismo Cultural

https://sergioiporattiblog.wordpress.com/2016/12/14/la-escuela-de-frankfurt-y-el-marxismo-cultural/

Isaías capítulo 3

4 Yo les daré por jefes a adolescentes,
y niños caprichosos los dominarán.

En la escuelas los niños son los que mandan, adolescentes y niños caprichosos. No ha sido tanto, acaso, elección nuestra la situación actual, sino algo dado por Dios para que aprendamos.

12 ¡Pueblo mío! Un niño pequeño lo tiraniza
y mujeres dominan sobre él.
¡Pueblo mío! Tus guías te extravían
y confunden el camino por donde vas.

Niños pequeños nos tiranizan, con sus derechos del niño, y las feministas empiezan a dominar sobre nosotros. ¿Por qué? Porque nuestros dirigentes nos extravían y confunden el camino a seguir.

5 La gente se maltratará mutuamente,
unos contra otros;
el joven acometerá contra el anciano
y el plebeyo contra el noble.

En la actualidad, esto se aplica muy bien al Marxismo. Con el versículo anterior: al marxismo cultural. En siglos pasados: a la Revolución Francesa.

8 Sí, Jerusalén tropieza
y Judá se desmorona,
porque su lengua y sus acciones están contra el Señor,
desafiando su mirada gloriosa.

¿Por qué tropezamos y nos desmoronamos como nación? Porque nuestra lengua y nuestras acciones van contra el Señor, contra sus mandamientos. Y así, además, desafiamos su mirada, que es gloriosa.

9 Su descaro atestigua contra ellos,
y como Sodoma publican su pecado,¡no lo ocultan!
¡Ay de ellos,
porque son los causantes de su propia desgracia!

Si al menos ocultáramos nuestros pecado a la sociedad, mostrando vergüenza de ellos. ¡Pero no! ¡Los publicamos y nos enorgullecemos por ellos delante de todos!

Pero...

10 ¡Feliz el justo, porque le irá bien,
comerá el fruto de sus acciones!

11 ¡Ay del malvado, porque le irá mal,
se le devolverá lo que hicieron sus manos!

Frente a la realidad política argentina:

14 El Señor entabla un pleito
contra los ancianos y los príncipes de su pueblo.
«¡Ustedes han arrasado la viña,
tienen en sus casas lo que arrebataron al pobre!
15 ¿Con qué derecho aplastan a mi pueblo
y trituran el rostro de los pobres?»
–oráculo del Señor de los ejércitos–.

Claro que también debemos aplicarlo a nosotros.


Sunday, 11 December 2016

Historia del Comunismo

Uno de los primeros gobiernos comunistas fue en Hungría. Fue un gobierno breve.

La Revolución Espartaquista se llevó a cabo en Alemania en 1919. Fracasó bajo la dirección de la polaca, de origen judío y comunista, Rosa Luxemburgo.

Rosa Luxemburgo
Incluso se llegó a crear la República Soviética de Baviera bajo la dirección de Kurt Eisner.

Kurt Eisner
Luego de todo esto nace el marxismo cultural, porque los intelectuales comunistas se preguntan "¿qué estamos haciendo mal?". Se dan cuenta de que Marx había estado equivocado en algunas cosas. Por ejemplo, en que el proletariado sería el principal sujeto revolucionario de la revolución comunista, cuando nunca había sido así. Cuando en Rusia vence la revolución comunista ese país era un país agrario principalmente. Y los principales lugares donde había vencido la revolución comunista nunca habían sido países altamente industrializados.

Con el objetivo de intentar averiguar y buscar una solución a la aplicación de la revolución comunista en Europa nace la Escuela de Frankfurt.

Los principios del marxismo cultural han llegado a imponerse de manera tan imponente en la sociedad que la gente ni se ha dado cuenta. Es la aplicación del concepto de Hegemonía Cultural de Gramsci. El concepto de revolución de esta Escuela era la de tomar la cultura para poder hacer la revolución.

El marxismo cultural es en realidad un corpus ideológico ideado por la Escuela de Frankfurt.


Sunday, 4 December 2016

Carta abierta a una feminazi. Por Agustín Laje


Querida Feminazi:
Ante todo, sé que te molestarás por el calificativo que uso para describirte. A ningún totalitario le gusta que le digan que lo es. Y como el feminismo ha sufrido tan amplias modificaciones y deformaciones, decirte “feminista” a secas sería algo así como no decir nada.
Pero sé, al mismo tiempo, que sabes muy bien que me estoy dirigiendo a ti. Tú, que pones a la mujer como excusa para destilar tu odio de género; tú, que dices estar “oprimida” por el “patriarcado”, cuando en verdad lo único que te oprime es la mediocridad de culpar cínicamente al hombre de tus propias frustraciones1que otras mujeres, con más agallas que tú, han sabido utilizar para superarse a sí mismas; tú, que paradójicamente atacas al mismo sistema económico, político y cultural que acabó con las desigualdades entre los sexos en el Occidente libre.
¿Te molesta lo que digo? Pues lo seguiré diciendo. Y es que si algo te aterra, es la imposibilidad de “apropiar” políticamente la etiqueta “feminazi”. Debo admitirlo: la izquierda es muy buena apropiando significantes peyorativos. “Queer”, por ejemplo, que nació en la lengua inglesa como una conjunción insultante de “wird” (raro) y “gay”, hoy ingresa incluso al campo académico como “teoría queer”, en un hábil proceso de modificación valórica del vocablo. Pero “feminazi”, eso sí que no lo puedes apropiar. Por eso te desespera. Por eso pataleas cada vez que te lo dicen. Y es que expone todas tus miserias. Revela el motor de tu causa: el odio. Devela tu vocación: totalitaria. Pone de manifiesto tu representatividad: minúscula.
Te he visto, en efecto, arrogarte la representación de la mujer, mientras paradójicamente encuentras maravilloso aquello de “la mujer no existe” que Monique Wittig, siguiendo a Lacan, anotara en sus libros que tanto gustas consumir. Te convences en tus violentas convocatorias, con otras feminazis como tú, ser la síntesis de los intereses de la mujer. Pero allá afuera, en el mundo real, millones de mujeres continúan amando a los hombres, continúan esforzándose para superarse día a día, continúan trabajando y estudiando, amando a sus hijos y a sus familias, y no necesitan mostrar los senos en la calle, pintar propiedad ajena, lanzar bombas molotov, destruir iglesias o arrojar su propio excremento contra feligreses para sentirse mujeres. Ellas prefieren ser femeninas antes que ser feministas, conceptos que, por feminazis como tú, cada vez resultan más antitéticos.
Entiendo que, quizás tanto como conmigo, te enojas mucho al ver a esta inmensa mayoría silenciosa de mujeres que eligen no emularte y que, en muchos casos, hasta les causas desagrado. Odias verlas felices. Odias verlas fortalecidas. Y dirás sobre ellas que, si no te siguen, es porque “el patriarcado no las deja pensar”, subestimando su capacidad (puedes ser muy misógina cuando quieres), como si toda aquella que no pensara como tú fuera una débil mental. Pero tu estratagema está ya muy trillada: no haces mucho más que aplicar el clasismo marxista al terreno del género. La conciencia de clases de ayer es la “conciencia de género” que esgrimes hoy. Así, toda aquella que no tome la conciencia que tú quieres que tome, no será mucho más que una “alienada” respecto de los intereses que tú decretas que debe profesar.
Tu problema fundamental, querida feminazi, es ontológico. El principio constitutivo de la realidad que propones es el género. Tú no ves individuos; ves géneros. Eres tan colectivista como cualquier totalitario (por más que muchos liberales despistados y presos de la corrección política te compren el cuento). Y aún más: los visualizas en constante disputa, impulsando siempre el conflicto, incluso allí donde no existe. Así, frente a cualquier problemática social, reduces sus determinantes al género.1 Para ti, por ejemplo, no hay violencia social: simplemente hay “violencia de género”.
Y es que jamás te has preocupado por analizar cómo evolucionan los homicidios respecto de lo que llamas “femicidios”, pues hubieras descubierto que, dado que el comportamiento es prácticamente idéntico en términos de su crecimiento o decrecimiento relativo, no median motivos de odio de género en estos últimos. Menos te has preocupado de aquellas mujeres asesinadas que no han sido víctimas de hombres, sino de otras mujeres: dado que no puedes alegar cuestiones de género, para tu ontología estos casos no forman parte de la realidad. ¿Y para qué decir sobre los casos en los que la víctima no es una mujer sino un hombre? La invisibilización es tu estrategia: sabemos bien que comulgas con esos vocingleros partidos de izquierda que, cuando la ciudadanía marcha contra la inseguridad y la violencia en términos generales, acusan a los manifestantes de “fascistas” por pedir que el Estado les garantice una vida más segura frente a la delincuencia.
Pero tu juego está empezando a terminar. La rebelión de lo políticamente incorrecto que ha despertado en todas partes del mundo está rompiendo la espiral del silencio en la que el progresismo, al cual tú tan bien sirves, nos sumergió. Cada vez somos más los que no te tememos ni a ti, ni a tu doble discurso. Cada vez somos más los que no te creemos esa forzada postura hipócrita que, mientras pide “Ni una menos”, despliega actos de vandalismo urbano y grita, a través de las paredes públicas y privadas que estropean con pintura, consignas como “muerte al macho”, “matá a tu novio”, “La Virgen María era tortillera” o “abortar nos hace felices”.
¿Odias a los hombres? Pues no estés con ninguno de ellos: no creo que nos perdamos de mucho. ¿Odias a la Iglesia? Pues no concurras: ningún sacerdote te obliga. ¿Odias al capitalismo? Pues no produzcas, no ahorres ni inviertas: el mercado no te obliga. ¿Odias depilarte? Pues no te depiles: ningún “patriarcado” te obliga a hacerlo. ¿Odias los “estereotipos de belleza”? Pues nada te somete a ajustarte a ellos: puedes continuar esforzándote por verte fea que a nadie le importará. ¿Odias a Occidente? Pues tienes otros lugares “hermosos” para vivir siendo mujer, como Medio Oriente, donde el casamiento de niñas sigue siendo una realidad, o varios puntos de África donde la ablación (mutilación del clítoris) se continúa practicando: lugares, por cierto, en donde tu falaz lucha jamás mira.
No pretendo recibir mucho más que insultos y amenazas de tu parte. El feminazismo es violencia, y tú eres su agente. Pero, sencillamente, no quería dejar de poner este espejo enfrente de ti. Cuando las ideologías extremistas nublan el juicio, mirarse al espejo puede ser doloroso.
Te invitamos a leer “El Libro Negro de la Nueva Izquierda. Ideología de Género o Subversión Cultural” (de Nicolás Márquez y Agustín Laje).
Creemos estar a salvo entre las cuatro paredes de nuestra casa, en incluso entre rejas... y le abrimos las puertas al mundo con el veneno de la televisión, de la radio, de los diarios mundanos y mediante la casi omnipresente internet.

¿De qué huímos? ¿Adónde vamos? Le tememos a la calle, a la noche. Pero no le tememos al veneno de los medios masivos de comunicación.
¿Qué nos impide convertirnos con radicalidad y anunciar al mundo entero -a nuestros vecinos, a los que están cerca nuestro- el Evangelio explícita e implícitamente. Os lo diré: el poco amor a Nuestro Señor.

¿Y a qué se debe que lo amamos poco? A que lo conocemos poco. Porque es imposible conocer a Jesús y no enamorarse, con amor puro, de Él.
Muchas veces queremos vivir mucho, olvidándonos que, ante todo, debemos vivir bien, esto es, cumpliendo los mandamientos.